Testimonio de Enrique Vilar – Jesús cargó sobre sus espaldas todas nuestras iniquidades

Para la gloria de Dios, deseo dar mi testimonio a raíz de mi enfermedad.

Y quiero empezar, imitando a S. Francisco.

“Loado sea, mi Señor,
por nuestra hermana enfermedad,
que si se acepta con dignidad,
llena la vida de bendiciones.”

Mi problema:

Obstrucción intestinal. Por ello, el 12 de febrero de 2019 me internan en el Hospital General de Castellón. Hechas todas las pruebas, los médicos diagnostican que la causa es un cáncer de páncreas que inflama una parte de los intestinos y obstruyen el paso de toda comida.

La intervención quirúrgica era imprescindible. Por motivos de mi edad (el 3 de mayo cumplo 89 años) los médicos no aconsejaban una intervención completa por el alto riesgo en la operación y en la rehabilitación. La mejor opción para mi situación era que en la intervención realizarían un Bypass, y dejarían en su lugar el tumor y la parte afectada. Con dicha solución, la rehabilitación no tenía mayores problemas, yo podría comer y además, podría llevar una vida bastante normal. ¿Durante qué tiempo? Hasta que el tumor no se desarrollase, cosa que, por la edad, normalmente, los tumores no tienen tanta virulencia.

Esta es la solución que se ha tomado, siendo consciente, de mi parte, de que Dios me estaba preparando para venir a buscarme. Me regalaba un tiempo, como verdadera bendición, para que yo acomodase todas mis cosas, tanto personales como familiares y también en relación a mis hermanos de Renovación y de nuestra Comunidad de Servos. Una vez más, me ponía en las manos de nuestro buen Dios ya que, con tanto amor, lo estaba organizando tan perfectamente.

Avalancha de oraciones.

Nunca imaginé la cantidad de hermanos que se preocuparon por mi enfermedad, pidiendo al Señor mi recuperación. A medida que se iban enterando, se iban multiplicando. Con qué solicitud y cariño acudieron mis hermanos Siervos de Cristo Vivo, tanto los de las comunidades de España como del extranjero, incluido nuestro Director General, el hermano Freddy y nuestra fundadora María Armenteros. La verdad que me veía abrumado de tantas oraciones. Llegó el momento que tanto era el cumulo de oraciones, que me aplastaban, me avergonzaban; y tuve que gritar a mi Papá buen Dios y hacerle esta sentida, franca y espontánea oración: “Mi buen Dios, si crees en la Comunión de los Santos, reparte todas estas oraciones entre tantos hermanos que no reciben ninguna; no es justo que unos tenga tanto y otros ninguna; mira, sin ir más lejos, al enfermo que tengo a mi lado y a tantos enfermos de este hospital”.

El Señor respondió, estoy plenamente seguro y me dio una prueba. El enfermo que tenía en mi misma habitación era un hombre que estaba bastante grave; en un momento dado, dijimos a los familiares que lo cuidaban que sería bueno pedir al sacerdote que me traía la comunión, que le diese la bendición de los enfermos. No tuvimos respuesta. Pasados unos días, el hombre se agravó y la familia, espontáneamente, pidió la visita del sacerdote. Creo que fue ese mismo día, que los hermanos de nuestra Comunidad de Valencia vinieron a orar por mi y aprovecharon para orar también por dicho enfermo; de regreso a Valencia, en el viaje, dada la hora, rezaban la coronilla de la Divina Misericordia. Y a las tres de la tarde,  el enfermo dio un suspiro, lo sentí perfectamente, y se quedó. No cabía la menor duda que la Misericordia de Dios había actuado. Gloria al Señor.

Bendita enfermedad.

En general, cuando sufrimos una enfermedad o tenemos un problema, acudimos a donde se ora por los enfermos, con la única idea de que el Señor nos sane de dicha enfermedad. Y como no siempre vemos resultados, nuestro ánimo queda defraudado. Este era, también, el motivo por el que al P. Emiliano Tardif le preguntaban: ¿Por qué en tus oraciones solo se sanan algunos de los muchos que asisten a tus retiros? Y el P. Emiliano, con su gracejo propio, contestaba: “Eso mismo se lo preguntaré a Dios cuando llegue al cielo”

Por sorpresa mía, el Señor me ha dado, en mi enfermedad, una respuesta que la veo muy justa. El Señor, en la enfermedad, pretende a veces la salud corporal para gloria de Dios, pero en la mayoría de los casos, en nuestras enfermedades desea darnos algo de mucho más valor y es ahí en donde las enfermedades son verdaderas bendiciones del cielo, con tal que las aceptemos en paz. En mi enfermedad, ¡cuantos y cuantos hermanos pidieron en fe por mi salud!. Yo mismo le decía al Señor: “Si tu quieres, me puedes sanar; te basta una sola palabra”. Y la salud física no llegó; pero llegó lo que yo nunca hubiera podido imaginar: El Señor me barrió de todo mi yo y me quedé vacio de todo lo mio, Entonces sentí que la presencia divina invadía todo mi ser y se adueñaba de mi vida, con una felicidad de mi parte que no puedo describir; no tengo palabras para explicarlo y menos para dar gracias a Dios por tal regalo. Mi enfermedad se había convertido no solo como una bendición sino como el mayor regalo que Señor me daba y que yo podía recibir. Bendita enfermedad.

El gran regalo.

Es tan grande el regalo que el Señor me concedió en mi enfermedad, que necesito explicarlo con más detalle para que se comprenda perfectamente cómo, a través de la enfermedad,, el Señor realiza obras, milagros diría yo, en nuestras vidas, que de otra manera no lo podríamos conseguir.

No hará un año, estaba alabando y bendiciendo a Dios en el silencio de la noche cuando me hizo sentir fuertemente que Él no solo tiene deseos de amarnos, sino que tiene necesidad de amarnos, una gran necesidad de amarnos. Y como si se imprimiese en mi corazón con letras de fuego: “Tengo gran necesidad de amarte”

Y así me lo hizo entender y así me lo hizo escribir en el libro recién publicado: DIOS TE NECESITA PARA VIVIR EN ENITIMIDAD CONTIGO;  el mensaje era para toda persona de buena voluntad.

El hombre fue creado por Dios a su imagen y semejanza para poder tener con él una verdadera intimidad de amor; y así sucedía con Adán y Eva antes de pecar. La desobediencia de nuestros primeros padres y su orgullo de creerse dioses rompió esa intimidad y fue necesario que Cristo Jesús que se humilló a sí mismo y obedeció hasta la muerte (Filipenses 2, 6) rompiese esa muralla de separación entre el hombre y Dios. Ahora el hombre podrá recuperar esa intimidad con Dios pero lo tendrá que hacer de la mano de Cristo Jesús, humillándose a sí mismo y obedeciendo hasta la muerte de su yo. En el libro DIOS TE NECESITA se explica, con todo detalle, cómo, de la mano de Jesús, se puede vencer eso YO y recuperar la intimidad con Dios.

Nosotros los cristianos, aunque cumplamos los mandamientos y estemos en gracia de Dios y por lo tanto en camino de salvación, normalmente mantenemos nuestro yo, nuestros criterios, nuestros planes, etc. etc. Es algo que heredamos y a nivel humano imposible de vencer. Es pues, ese yo el que no nos permite tener una verdadera intimidad con Dios. Al joven del evangelio que desea mayor perfección, Jesús le dice claramente: “Vende TODO lo que tienes y después, sígueme. El joven, como era rico, se fue triste y no siguió a Jesús. ¡Cuántas veces despreciamos el gran regalo que Jesús nos ofrece, de una verdadera intimidad con Él, por no vender lo nuestro y renunciar a nuestro YO!

También Jesús desea tener una intimidad con nosotros y por eso nos pide que vayamos desprendiéndonos de todo nuestro yo, que renunciemos a todo lo nuestro. Hay que saber que de nuestra parte basta tener buena voluntad, el resto lo hace Él, pues Él es el más interesa y necesitado de amarnos.

Así el Señor me lo hizo entender y así empecé a andar en ese camino; la verdad que cada día saboreaba más y más su presencia. Cuando llegó la enfermedad el Señor me hizo mostrar lo que sucede cuando se llega a la renuncia TOTAL. Así, Él mismo, barrió todo mi YO, me desnudó de todo lo mío y me quedé sin nada mío.  De esta manera, el mismo Señor, con toda su grandeza, pudo entrar en todo mí ser y llenarme de su Amor. Y esa presencia divina provocó en mí, de inmediato, un rechazo total hacia la televisión y hacia todo lo mundano, como un primer síntoma de esa presencia. Lo que experimenté en esos momentos era de una dicha sin medida que no puedo explicar. Que te veas envuelto en la misma grandeza de Dios, por pura gracia de Él y como el mejor regalo de tu vida, te lleva a decir: Vale la pena vender TODO lo que uno tiene, con tal de conseguir la perla preciosa, de la que nos habla el evangelio.

El Señor me quiso demostrar con ese regalo que, cuando uno renuncia a TODO el propio yo, Él nos va a llenar de su presencia divina, con una felicidad, de parte nuestra, increíble. La enseñanza de lo que el Señor hizo conmigo, era una enseñanza para todo aquel que esté dispuesto a negarse a sí mismo, aceptando la invitación del Señor.

GRACIAS, MI DIOS, POR TANTO REGALO.

Para terminar, quiero imitar otra vez a San Francisco.

Loado seas, mi Señor,
Por nuestra hermana la muerte corporal,
Que para aquellos que los encuentre en gracia,
Les abre la puerta a una verdadera y eterna
intimidad con Dios.
Loado seas, mi Señor.

GLORIA A DIOS PADRE, BUENO Y DE AMOR.
GLORIA A DIOS HIJO, PREDILECTO DEL PADRE.
GLORIA A DIOS ESPÍRITU SANTO, ESPÍRITU DE AMOR.
AMEN

APÉNDICE AL TESTIMONIO DE ENRIQUE VILAR

Bien sabemos que Dios puede obrar en nuestra santificación en forma rápida e instantánea. Pero lo normar es que obre en un proceso, en donde Dios pone su parte y el hombre va respondiendo. Proceso quiere decir caminar; es todo lo contrario de rutina, hacer siempre  lo mismo, no adelantar.

Pero todo proceso de santificación requiere que el hombre ponga una base, un estrato, sobre la cual Dios puede actuar. Si no hay esa base es muy difícil que haya un proceso de santificación. Pero ¿cómo es esa base y cómo se la conoce?

Mi experiencia. Lo que a mí me ayudó para que el Señor pudiese realizar el proceso de mi santificación fue, en primer momento, encontrarme con la Renovación Carismática  y cuatro años después, conocer y dar un paso más de compromiso con el Señor en la Comunidad de Siervos de Cristo Vivo. Tanto la una como la otra fueron la base, el estrato sobre lo cual yo fui andando y experimentando al Señor.

Me explico mejor. La Comunidad principalmente me proporcionó a través de sus Estatutos aprobados por la Iglesia, unas obligaciones que, cumpliéndolas, yo sabía que estaba cumpliendo la Voluntad de Dios. La Comunidad me marcaba como sus principales fines, la Adoración a Jesús Sacramentado y la evangelización. A ello me dediqué en los 22 años que estoy pertenecido a la Comunidad hasta el día hoy. Han sido muchas horas semanales que paso ante Jesús Sacramentado y al mismo tiempo me he entregado a la evangelización, sirviendo a los hermanos en todos los campos que se me han presentado. Y es en todo ello, que me he puesto a los pies del Señor y le he dejado que obre a su gusto. Y tengo que dar muchas gracias a Dios por tantas gracias recibidas y por lo que ha ido moldeando en mi vida, a través de ese cumplimiento.  Estoy casi seguro que de no ser por esa base de la Renovación Carismática y de la Comunidad S.C.V. yo no sería el mimo.

Si a través de mi testimonio puedo dar un consejo a todos los que deseen una mayor perfección en sus vidas, sería éste: Como cristianos no vivamos solos; necesitamos de la ayuda de otros hermanos. No tengamos miedo a dar un paso más de entrega, a comprometernos ante Dios en una Comunidad aprobada por la Iglesia. En este camino, por poco que hagamos, es el Señor quien obra y transforma nuestra vida, hasta poder saborear grandes regalos del Señor.

No olvidemos; se trata de un proceso que va de menos a más; en general no hay grandes saltos; lo importante es dejarse llevar cada día, con toda humildad, por la moción del Espíritu Santo. En la medida en que nos dejemos transformar, lo que ahora vemos imposible (por ejemplo, el desprendernos de nuestro YO), entonces lo veremos lo más normal. Lo digo por experiencia.

QUE EL SEÑOR SEA SIEMPRE BENDITO Y ALABADO.

AMEN.

Benicasim, 01-04-2019

– Enrique Vilar
C.S.C.V. de la Casa Magníficat de Castellón (España)

Arzobispo Wenski es reconocido por su labor evangelizadora

MIAMI | Por su labor evangelizadora en la Arquidiócesis de Miami, el Arzobispo Thomas Wenski recibió el “Premio Jesús está Vivo”, de la Comunidad Siervos de Cristo Vivo de Miami. El reconocimiento tuvo lugar durante la cuarta gala anual de la comunidad de laicos, el 17 de noviembre pasado.

La gala “es un evento de recaudación de fondos para nuestra comunidad y desde el primer año, el 2015, establecimos el Premio Jesús está Vivo”, dijo Claribel Mercier, miembro de la comunidad.

El primer año, dijo Mercier se reconoció la labor de las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María, una congregación religiosa fundada en Miami. El segundo año el premio fue para Radio Paz. El año pasado fue para la Renovación Carismática Católica Hispana de Miami y este año es para el Arzobispo Wenski.

Entre los participantes a la gala de este año estuvieron algunos sacerdotes aquidiocesanos y las Hermanas de la congregación Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María, entre otros.

La comunidad Siervos de Cristo Vivo fue reconocida como movimiento de la Arquidiócesis de en Miami, en 1992, pero fue fundada hace 37 años, en la República Dominicana.

Mercier dice que ha pertenecido a la comunidad de Miami desde sus inicios, cuando en 1990, al llegar de su natal Santo Domingo, en La República Dominicana se integró al grupo que se estaba formando.

Creció en la religión protestante, pero el último año, antes de dejar su país, la invitaron a un retiro católico y asistió porque sus amigos y familiares iban. Y a partir de ese retiro decidió que quería ser parte de la religión católica.

Al llegar a Miami se enteró que el Doral se reunía un grupo de dominicanos y fue. Alfredo Pablo, el fundador de la comunidad de los Siervos aquí en Miami, tenía un pequeño grupo de oración en su casa donde asistían unas 8 personas y la mayoría eran dominicanos.

Así se formó la comunidad de Siervos de Miami, empezaron a evangelizar en la parroquia St. Brendan.

“Ha sido una aventura increíble y los frutos han sido increíbles. Estoy muy contenta”, indicó Mercier.

Hoy la comunidad de Miami tiene 40 miembros. Están en varias ciudades de Estados Unidos como Nueva York, Orlando, Boston, EL Paso y en diferentes países como La Republica Dominicana, Italia, Puerto Rico, Colombia, entre otros.

En la casa de oración, ubicada en la zona de El Doral, se realiza la adoración del Santísimo todo el día. Sus tres grupos de oración de adultos, niños y jóvenes, se reúnen todas las semanas.

Los fines de semana realizan retiros, cursos de evangelización. Debido a que se fusionaron con la escuela de evangelización San Pablo VI, imparten cursos de evangelización y se han expandido a diferentes parroquias de Miami.

Su director espiritual es el P. Raúl Soutuyo, vicario parroquial de St. Agatha, en Miami, y también los acompañan otros sacerdotes que han pertenecido a sus grupos de oración como el P. Julio de Jesús, ahora administrador de St. Benedict, en Hialeah.

Mercier, quien además es integrante del grupo de músicos adoradores, Adoremus, sirve en la escuela de evangelización y en la escuela de música de la comunidad.

Encuentro de los Siervos en España

No podremos nunca olvidar el encuentro que tuvimos los Siervos de Cristo Vivo de España, el fin de semana del 29 al 30 de septiembre en Valencia. El Señor nos sorprendió a todos. Entre miembros, aspirantes y candidatos nos reunimos más de cincuenta hermanos con un gozo extraordinario y con una expectación fuera de la común. Estaban los hermanos de la Casa de la Santísima Trinidad de Madrid, de la Casa Magnificat de Castellón, de la Célula de Rebate, y los hermanos deseosos de formar pronto Comunidad de Siervos de Valencia, Barcelona y Guadalajara. La verdad que el Señor se derramo abundantemente y nos mostró una visión futura de nuestras Casas que nadie nos esperábamos.

El Sábado empezamos con la Eucaristía, donde nos unimos todos los hermanos en un solo corazón y a través del ministerio de música, aquello fue una explosión de alabanza y de amor y la misericordia del Señor nos inundó completamente..

Luego tuvimos las charlas con el hermano Gustavo, del consejo General, que venía para darnos el retiro. El tema que trató fue El Carisma y la Espiritualidad de los Siervos de Cristo Vivo. Fue un tema muy apropiado para ir cimentando nuestros pilares en la comunidad.

Gustavo nos habló de que el don de nuestro llamado a esta comunidad es un regalo de Dios, que nace en los Sentimientos del Corazón de Jesús por el hombre; para vivirlo, comprenderlo, apropiárnoslo y realizarlo es imprescindible, nos dijo, conocer nuestro carisma y nuestra espiritualidad.

Todo el fin de semana, estuvimos reflexionando sobre ello, escuchando como el Señor llamó a los fundadores en el año 1973, la vivencia que tuvieron y como los unió para empezar a darles los primeros pasos para formar la comunidad. La verdad es que todas esas historias nos llenaban el corazón, al ver como el Señor los había guiado hasta la formación de la primera comunidad de Siervos de Cristo Vivo en Santo Domingo.

A través de las enseñanzas de nuestro hermano Gustavo, llenas de sus propias vivencias, pudimos comprender mejor la vocación a la que habíamos sido llamados dentro de nuestra Comunidad de Siervos y cómo el Señor nos preparaba para la misión en la España de hoy. El Señor nos llamaba a las casas de España para que nos movamos a Evangelizar como lo hacían los fundadores porque este país necesita nuestras oraciones y todo nuestro compromiso para sacarlo de esta situación en la que estamos y por esto, el retiro resultó sorprendente para todos. Que el Señor nos llene de su Santo Espíritu para poder cumplir su voluntad y todo ello para su gloria.

A través de los medios modernos de comunicación tuvimos la gran sorpresa y a la vez gran alegría de poder escuchar a nuestra hermana María Armenteros, una de los tres fundadores de la Comunidad. Sus palabras, llenas de vida, venían a corroborar lo que se nos estaba enseñando. Era su testimonio real, era lo que el Señor les fue indicando para la Comunidad. María nos transmitía, con una fuerza que no era otra que la del Espíritu, el verdadero carisma de la Comunidad, todo un regalo del Señor. Gracias, María, no lo vamos a olvidar. A pesar de la distancia en el tiempo y en el espacio, tus palabras van a ser siempre luz en nuestro caminar como Siervos de Cristo Vivo.

Un momento realmente importante fue el sábado por la noche, cuando todos los Siervos de Cristo Vivo, recibieron a Jesús, presente en el Santísimo Sacramento para adorarle en el silencio, donde fue tocando los corazones de cada uno y también guiados por la oración del Padre Juanjo quien paseando por todo el salón fue llevando a un profundo encuentro a ese Jesús Vivo y presente en el Santísimo Sacramento, con cada uno de los adoradores. Así culminamos la noche con el regalo de algunos testimonios muy sentidos y de una profunda unidad de la comunidad.
También tenemos que recalcar el amor de los hermanos que se respiraba; era un ambiente lleno del amor de Dios donde podíamos compartir vivencias, dándonos cuenta de cómo el Señor nos había llevado al punto que nos encontrábamos. Dios quiera que el próximo año nos podamos reunir otra vez y en esa ocasión en la Casa de Madrid, celebrando los veinte años de su fundación.

Damos gracias a Dios por tanta bendición que ha derramado, a nuestro hermano Gustavo y su esposa Mari por su entrega y a los hermanos de Valencia por el cariño con que prepararon el Encuentro, su acogida y su disponibilidad en favor de cada uno de los hermanos.

GLORIA A DIOS.
Casa Magnificat de Castellón

 

¡Qué bueno sentirme en casa con la CSCV!

Gracias a Dios, me ha tocado en varias ocasiones, visitar una casa de oración o una célula fraterna de nuestra Comunidad Siervos de Cristo Vivo fuera de República Dominicana. Esto para mí siempre ha sido motivo de mucha alegría: en cada lugar, mis hermanos de comunidad me hacen sentirme “en casa”. A continuación algunas de las últimas visitas:

1. Estuve con la célula fraterna Inmaculada Concepción, de Guaynabo, Puerto Rico. Fuimos con ellos y con Mons. Víctor Masalles (nuestro Asesor General) para visitar a Mons. Roberto González Nieves (Arzobispo de San Juan) para solicitarle su anuencia para erigir esa célula de la CSCV en la Arquidiócesis de San Juan. Mons. Roberto nos recibió y nos escuchó con acogida de pastor y con gratitud obtuvimos su aprobación. Luego regresé a compartir con los hermanos de Guaynabo para su triduo parroquial de Pentecostés. Una sorpresa bendecida fue que algunos hermanos de la Casa San Francisco de Asís, de Coamo, fueron hasta Guaynabo para participar del triduo. Fue el primer encuentro fraternal de estos dos grupos de CSCV en Puerto Rico. ¡Qué bendición!

2. Viajé a Italia para impartir un retiro en Asís, la ciudad de san Francisco. Este retiro fue organizado por parte de los hermanos que componen la célula fraterna Messaggeri di Vittoria, de Fiesso d’Artico. En Fiesso me quedé en la casa siempre acogedora de María Esther y Emanuele. Pudimos sentarnos a la mesa para compartir fraternalmente con los integrantes de esta nueva célula de nuestra CSCV y animarlos en este camino comunitario que estrenan.

3. Pasé por Nueva York para un retiro en Peekskill. ¿Cómo estar por Nueva York sin quedarme en la Casa de la Anunciación de Brooklyn? Es una comunidad local que amo de manera especial por mis años vividos en esa ciudad. Con esos hermanos compartimos una tarde recordando al P. Emiliano en una asamblea que se caracterizó por una efusión desbordante de gozo y de Espíritu.

4. Luego me tocó ir a dar un retiro en Heredia, Costa Rica. Fue ocasión propicia para encontrarnos en una cena con los hermanos de la célula fraterna San Juan Pablo II, de San José. Además de la comida, compartimos inquietudes y un momento entrañable con estos hermanos ticos tan queridos.

5. Madrid fue otro destino de viaje. Fui invitado a dar el Campamento Nacional de Jóvenes de la Renovación Carismática Católica de España. Nuestra querida Queca, directora de la Casa de la Santísima Trinidad, fue a buscarme al aeropuerto. Compartimos toda la tarde, en donde pudimos visitar a Geles, miembro de nuestra CSCV que ha estado en tratamientos médicos. La casa de Alejandro en Madrid siempre es mi lugar de acogida para un buen reposo reparador. GRACIAS.

En esos lugares, con tantos hermanos hospitalarios y generosos, ¿cómo sentirme extranjero? El Corazón de Jesús nos ha unido en sus sentimientos. ¡Bendito seas, Señor!

Yuan Fuei Liao

Un llamado inesperado

Cuántas veces le hemos preguntado a Dios: “Padre, ¿qué quieres de mí?”. Es una pregunta que hacemos cuando amamos con todo nuestro ser a nuestro Padre y deseamos hacer su voluntad. Como joven, les puedo decir que la hacía en cada momento de mi vida; hasta que él me respondió inesperadamente. Esta es parte de mi testimonio de vida.

Hace dos años fui diagnosticada con Miastenia Gravis, una enfermedad neuromuscular que no tiene cura. A varios meses de encontrarme dicha condición, fui llevada a Cuidados Intensivos por una doble pulmonía. No podía comer, hablar, caminar ni cantarle a mi Dios, pero él tenía otros planes. Al estar reclutada en aquel hospital pude comprender que mi Padre tenía un propósito conmigo, uno mejor que el que yo podía pensar. Al ver que me estaba brindando una nueva oportunidad de vivir y contar mi testimonio a las personas, le hice la pregunta: “¿Qué quieres de mí, Padre? Habla que tu sierva escucha. Solo quiero hacer tu voluntad”.

Durante estos dos años esa pregunta ha sido hecha una y otra vez. Tomé mi tiempo para discernir y escuchar lo que él deseaba de mí. Hasta que un día me respondió rápidamente. Una noche mientras dormía tuve un sueño hermoso. Me encontraba en la casa de mi abuela, allí estaban presente mis tíos Julio y Jannette vestidos de blanco; al igual que mi abuela Elba. En la marquesina había muchas personas vestidas del mismo color. Todos estaban festejando, como cuando sales de un retiro y luego compartes con las personas para contar las experiencias maravillosas, así era como a todos los veía, incluso yo. Al salir de la casa y llegar a la marquesina, había un hombre vestido como sacerdote, camisa azul clara, espejuelos, pantalón negro y con una sonrisa en su rostro. Lo reconocí rápido, era el P. Emiliano Tardif. Él me llamó y me pidió que me sentara a su lado. Lo hice, me miró fijamente a los ojos, tomó un plato donde había un pan hecho como en el tiempo de Jesús, partió un pedazo para él. Luego me dio el plato con el resto del pan, me miró a los ojos y me dijo: “Lo aceptas”. Lo miré y le dije: “Lo acepto”. Con el corazón latiendo rápido, me desperté. Pasaron los días y analizaba aquel sueño, Dios me estaba llamando a algo más de lo que pensaba. Mi corazón se emocionaba por conocer el plan de Dios para conmigo.

Recuerdo que le escribí a Salvador Gómez para que me diera un consejo como predicador de nuestra Iglesia. Deseaba formarme para predicar, llevar la Palabra de Dios a los que la necesitan, así como lo hizo el P. Emiliano. Salvador me respondió al par de horas de haberle escrito. Me dijo: “Ve a la Comunidad Siervos de Cristo Vivo”. Ya Dios me lo había mostrado y Salvador lo estaba confirmando, pero aún no me sentía firme del paso que iba a dar. Fui a hablar con mi tío Julio para que me ayudara en la formación y me dio la mano. Me dijo: “Pronto voy a dar un curso en la Escuela de Evangelización, deberías ir”.

Llegó el fin de semana del curso, llamado Elías. Un taller que me hizo acercar más a la oración y pedirle al Espíritu Santo. Tomé el taller y recuerdo que me dieron una tarea: hacer oración de intercesión y realizar los seis pasos. Fui a mi casa y comencé a hacer la asignación. Me quedé orando hasta la madrugada y cuando menos lo pensé Dios me habló. Mis ojos estaban cerrados, en actitud de oración, y vi claramente un collar plateado, como la de los ministros, con una cruz en plata. Estaba encima del pecho de un hombre que tenía camisa azul clara. En ese mismo instante una suave voz de un hombre me dijo: “Estarás conmigo en el paraíso”. Me levanté azorada. Era la primera vez que esto me pasaba. Sabía que venía de Dios, porque mi corazón lo sentía.

Pasaron los días y mi tío me llamó para decirme que la Comunidad Siervos de Cristo Vivo me había hecho una invitación para ser parte de ellos. Con gran alegría le dije que sí. Sabía, dentro de mí, que era el camino que Dios me estaba preparando, pero él quería que estuviera segura y fue cuando vi, con mis propios ojos su respuesta.

Llegó el día de la reunión y cuando llegué a la casita de la CSCV vi una foto del padre Emiliano Tardif. Miraba la foto lentamente, cuando miré su pecho él llevaba la misma cruz que se me había mostrado en la imagen mental y el mismo color de camisa. Yo no tenía palabras, mi mente estaba en blanco. Al par de horas de ver la imagen del padre dije en mi mente: “Este es el camino que deseas que recorra, ¿verdad? Y así será”.

Le conté días después esta experiencia a la directora de la CSCV en Coamo, y a varios familiares míos. Nunca pensé tener esta experiencia y este llamado inesperado y de la forma en que Dios lo hizo. Solo sé que cuando le pedimos a Dios una repuesta él usa cualquier medio para responder, está en nosotros escuchar y hacer su voluntad. No tengamos miedo en lanzarnos a cumplir nuestro propósito en la vida. El plan de Dios es mejor que el de nosotros. Hagamos como hizo Samuel: “Habla Señor que tu siervo escucha”. Recibiremos un llamado inesperado para cumplir un hermoso plan.

Stephanie Pérez Figueroa
Coamo, Puerto Rico

Dos luces para la Comunidad Siervos de Cristo Vivo

“Ser sacerdote es jugarse la vida por el Señor. Gracias, Dios, por darme esa misma alegría de los apóstoles de tenerte entre mis manos” (P. Luis Sevilla).

En menos de dos meses, nuestra Comunidad Siervos de Cristo Vivo ha vivido dos acontecimientos muy especiales: José Bernardo Díaz y Luis Alberto Sevilla Hincapié (Lucho) fueron ordenados como presbíteros, sacerdotes al servicio del Reino y del pueblo de Dios.

En estos tiempos, en que vivimos la alegría de aspirar a la santidad, según el deseo del papa Francisco en la exhortación apostólica Gaudete et Exsultate, estos dos acontecimientos suponen dos torrentes de regocijo para la CSCV.

El P. José Bernardo Díaz se ordenó el 30 de junio en la Concatedral de San José, en Prospect Heights, Diócesis de Brooklyn. Por su parte, nuestro hermano de comunidad Lucho recibió la ordenación sacerdotal el 4 de agosto (memoria de san Juan María Vianney, patrono de los sacerdotes) en la Catedral Basílica Menor de Santa Marta, Colombia.

 

José Bernardo Díaz, presbítero

El P. José Bernardo es hijo de Raisa Díaz (miembro del Consejo General de la CSCV). A él lo conocí en los años en que viví en Nueva York. José Bernardo, junto a su hermana Josaira, eran quienes dirigían el grupo de jóvenes Chosen (Elegidos) en la Casa de la Anunciación de Brooklyn. La comunidad estaba muy activa en su asamblea de oración, pero veía la necesidad de tener un grupo de jóvenes. La responsabilidad de iniciar el grupo juvenil recayó en José Bernardo y en Josaira, quienes por años condujeron el grupo con mucho entusiasmo.

Como servidores tenían muchas inquietudes sobre el ministerio juvenil. Recuerdo que me invitaron a su casa para tener una lluvia de ideas sobre cómo dinamizar aún más el grupo. Se prepararon actividades, entre ellas un primer curso Felipe para jóvenes en la Casa de la Anunciación. Prediqué sobre el amor de Dios; y José Bernardo, sobre el Espíritu Santo. Nunca olvidaré su predicación en spanglish: llena de poder, con un estilo atractivo para los jóvenes, usando su mismo lenguaje, su sentido de humor, su actitud reflexiva a la vez que la fuerza de la convicción de su testimonio. A ese curso llevé a una amiga dominicana que estaba de visita en Nueva York. Ella me expresó que quedó sumamente impactada por la prédica de José Bernardo.

Como él también formaba parte de los jóvenes del Centro Carismático del Bronx, me invitó en un par de ocasiones a predicar en los retiros de jóvenes del Centro. Ahí evidencié el liderazgo de José Bernardo entre los jóvenes carismáticos.
Más tarde me enteré, con alegría, de que sentía el llamado a la vida sacerdotal, después de tomar clases de Teología en la Universidad franciscana de Steubenville, Ohio.

Pero José Bernardo no siempre fue un joven de fe. Raisa misma nos ha contado de sus desvelos de oración pidiendo por mucho tiempo la conversión de este hijo. El propio José dice: “El problema era que mis prioridades estaban en el orden equivocado… Estaba más enfocado en la popularidad y los noviazgos que en cualquier otra cosa en la vida… No estaba caminando por el camino correcto. Estaba viviendo según la gente que me rodeaba, pero no a la manera de Dios”. Una amiga lo invitó a un retiro kerygmático, y según él: “Cambió mi vida, ya que tuve un encuentro profundo y personal con Jesús… Me sentí amado, no de una manera cursi, sino un sentimiento poderoso dentro de mi corazón… También comencé a recibir los sacramentos con fervor… A partir de ese momento dediqué mi vida completamente a convertirme en un discípulo de Jesús”.
José Bernardo piensa que mucho de su discipulado y de su vocación se lo debe a la Comunidad Siervos de Cristo Vivo. En diciembre pasado escribió una sentida carta a nuestra CSCV en donde decía: “El padre Emiliano es mi ejemplo de sacerdocio… Sigo contando con sus oraciones… Los quiero mucho… Mami me dijo que muchos de ustedes escribieron y estaban preguntando por mí. Les quiero decir que agradezco su amor por mí. Ustedes están en mis oraciones. Pido que el Señor siga usando a cada uno de ustedes para traer más almas a los pies de Jesús. ¡Dios los bendiga a todos!”.

 

Luis Alberto Sevilla, presbítero

El P. Luis Alberto Sevilla es miembro de la Casa de la Misericordia, de la CSCV de Santa Marta, Colombia.

Llegó a la Casa de la Misericordia en el año 2000, siendo muy joven: la casa de oración necesitaba de alguien que pudiera trabajar como celador. Su tía, María Hincapié, miembro de nuestra comunidad lo sugirió para ese trabajo. Muy pronto se ganó el cariño de todos en la comunidad, pues se destacó por su humildad, su sencillez, su trato amable, su espíritu servicial y sus deseos de aprender de Dios.

En la Casa de la Misericordia no se limitó a su trabajo, sino que pronto se lanzó a la adoración y a la evangelización, participando en las distintas actividades de la CSCV. Hizo su proceso de formación para incorporarse a la comunidad. Trabajó con los jóvenes, en retiros, en cursos, en las oraciones, en las Eucaristías, en el programa de TV, en cualquier ministerio en donde era requerido.

Cada vez que yo iba a Santa Marta, siempre me recibía con un cariño singular. Lo empecé a admirar como modelo de un Siervo de Cristo Vivo. Lucho (Luchito) provenía de un origen muy humilde, vulnerable. El Espíritu Santo, a quien empezó a amar, fue operando en él una transformación en Cristo que lo llevó a ser un apasionado de Cristo con un gran celo por la evangelización.

Recuerdo que, en uno de mis viajes a Santa Marta, fui invitado a predicar a los estudiantes de muchos colegios. No dudé en pedir a Lucho para que fuera mi compañero de predicación. Hablaba con una fuerza de Dios que calaba profundamente en el corazón de los jóvenes, provocando en ellos mucha sanación interior.

Más tarde me expresó su deseo de ser sacerdote. Fue una conversación que me dio mucha alegría: era evidente su especial llamado a la santidad a través de la vocación sacerdotal. Intentó ingresar en una comunidad religiosa, infructuosamente. Pero los caminos de Dios, aunque misteriosos, siempre se abren a quien ama su voluntad: afortunadamente fue aceptado en el seminario diocesano.

Como seminarista, se destacó por su espíritu siempre dispuesto. Sus formadores confiaban en él. En una ocasión consiguió que me invitaran a predicar a los seminaristas. Aquel fue un día inolvidable para mí.

Hoy Lucho es el padre Luis Sevilla, primer miembro de nuestra comunidad en ser ordenado presbítero. Poco antes de su ordenación de manos de monseñor Luis Adriano Piedrahita Sandoval, obispo de la Diócesis de Santa Marta, Luchito le escribió a nuestra fundadora María Armenteros una carta entrañable. Entre otras cosas, decía: “Estamos de fiesta por esta gracia que el Señor regala a la comunidad. Siento gran alegría, emoción, felicidad en mi corazón. Pido al Sagrado Corazón de Jesús ser humilde para poder conocer los sentimientos de su Corazón, para poder amarle y dejarme amar por él… La Comunidad Siervos de Cristo Vivo en ese día tan especial será sumergida en el cáliz para que el Sagrado Corazón nos haga instrumentos de su amor y misericordia… Que mi padre Emiliano Tardif desde el cielo nos bendiga…”.

Gratitud

Nuestra CSCV se alegra con estos dos nuevos pastores vinculados a nuestra espiritualidad. El P. José Bernardo ya celebró su Eucaristía con la Casa de la Anunciación de Brooklyn. Y el P. Luis Sevilla ya la celebró en la Casa de la Misericordia de Santa Marta. Por ellos damos gracias. Les pedimos su bendición sacerdotal. Y hacemos nuestro ese deseo en la oración de santa Teresita del Niño Jesús que Lucho escogió para su invitación a su ordenación: “¡Oh Jesús, guárdalos a todos junto a tu Corazón y concédeles abundantes bendiciones en el tiempo y en la eternidad! Amén”.

Yuan